La Pontificia, Real, Muy Antigua, Venerable e Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y
Santo Sepulcro del Redentor abre cada año, con solemnidad y emoción, la semana más grande de
Huércal-Overa.
El Paso Negro, con su titular, Nuestra Señora de la Soledad, marca el inicio de una Semana Santa
única. En la tarde del Viernes de Dolores, la Virgen se presenta de manera majestuosa y distinta a
como procesiona el Viernes Santo. Es un momento especial, íntimo y lleno de significado, en el que
su imagen, a los pies de la Cruz y sin palio, adquiere una fuerza expresiva que conmueve
profundamente.
Nuestra Señora de la Soledad, con su mirada al cielo y ese rostro lleno de ternura que la caracteriza,
recorre las calles en un ambiente de recogimiento y devoción. A diferencia del día grande del Paso
Negro, cuando bajo su palio deslumbra y emociona a toda la villa, en este traslado se muestra en
una estampa más sobria, pero igualmente sobrecogedora.
El cortejo que la acompaña en esta jornada se llena de vida y respeto. Destaca la presencia de los
niños, vestidos de mayordomos, que aportan alegría y simbolizan la continuidad de nuestra
tradición. Los nazarenos, por su parte, avanzan con serenidad, manteniendo el respeto y el
recogimiento que define al Paso Negro.
El Viernes de Dolores se ha consolidado como una cita imprescindible en Huércal-Overa. Es el
preludio de días intensos, un momento en el que la devoción se hace cercana y en el que la Virgen
de la Soledad, en su sencillez y grandeza, guía a todo un pueblo desde la parroquia hasta su Casa
Hermandad, tras la finalización de sus solemnes novenas.27