El domingo de Ramos, en la tarde, acudimos ilusionados y alegres al encuentro de nuestra Madre, la Santísima Virgen del Río, a la Plaza de la Era, no podíamos faltar a la cita actual.

El sábado anterior, se procedió al traslado de la Virgen del Río desde la Iglesia de San Isidro hasta la Ermita de la Salud, acompañada por decenas de devotos que la fueron portando y rezando por todo por el camino. Constituye una celebración festiva, que marca el encuentro grande con la Santísima Virgen del Río en la tarde de Domingo de Ramos.

El pueblo devoto se arremolinaba en la plaza, esperando la llegada del párroco y autoridades, así como la banda de música, que con los sones del himno nacional de la bienvenida de todo un pueblo a su querida Virgen del Río; a continuación es interpretado el “Himno de la Coronación de la Santísima Virgen del Rio” que es cantado, con emoción y sentimiento, por los presentes; los corazones de los hombres y mujeres que portan el trono de su amada Madre, se llenan de júbilo por llevar sobre sus hombros a su Virgen.

Ceremoniosa, la procesión avanza realizando continuas paradas en muchas casas del recorrido, para con devoción derramar sobre la Santísima Madre, los pétalos de flores como plegarias silenciosas y peticiones que esperan verse cumplidas de todos estos devotos que procuran no faltar a esta cita con su veneración personal.

Acompasadamente llegamos a las puertas del templo parroquial, la multitud se arremolina en las plazas esperando ansioso el momento de ver a su Madre, entrar en la casa de su Hijo, emocionados rostros que rezan en silencio o elevan sus oraciones por aquellos que ya no están junto a nosotros; el capataz de las ultimas ordenes, preparados para entrar en la iglesia, rodeados de cientos de personas que con sus corazones también quieren llevar a su Virgen del Río, se hace el silencio, suena la marcha real, el arco y cancel de la iglesia ver pasar a la Madre de Huércal-Overa y un atronador aplauso, liberación de emociones contenidas, irrumpe el momento, avanza por el centro del templo y el trono es plantado en el lateral izquierdo del crucero del templo, en ese instante, un grito “Viva la Virgen del Río”, “Viva la Virgen del Río”, “Viva la Virgen del Río” resuena como un estallido siendo coreado por los fieles que abarrotan la iglesia, fue el enorme corazón de un hijo tuyo el que puso en su boca la emoción que su alma retenía tan honradamente, Jerónimo, cuanto te echaremos de menos y un escalofrío intenso nos recorrerá el corazón cada año ante el hueco profundo que nos has dejado.